No todos los residuos exigen el mismo nivel de control. Los residuos peligrosos están sujetos a obligaciones reforzadas; el resto, a una gestión trazada más sencilla. Distinguir unos de otros es esencial para cumplir sin sobredimensionar.
Qué es un residuo peligroso
Un residuo se considera peligroso cuando su código LER está marcado con un asterisco, por presentar características de peligrosidad (inflamable, tóxico, corrosivo…). Aceites usados, disolventes, baterías o determinados envases contaminados son ejemplos habituales en la empresa.
Qué obligaciones conlleva
La gestión de un residuo peligroso está reforzada: almacenamiento en condiciones específicas y por tiempo limitado, entrega a un gestor autorizado, transporte autorizado y, en su caso, notificación previa del traslado a través de eSIR, con su documento de identificación. La trazabilidad documental —archivo cronológico, memoria anual— es más estricta que para un residuo no peligroso.
La colilla NO es un residuo peligroso
Es un punto que conviene aclarar: la colilla recogida por separado entra en el código LER 20 01 99, sin asterisco, es decir, no peligroso. Aunque su filtro contiene sustancias tóxicas (nicotina, metales pesados), como residuo clasificado no requiere el régimen de los peligrosos. Tratarla como peligrosa sería sobredimensionar las obligaciones — y encarecer el servicio sin motivo.
Qué significa para la gestión de las colillas
Que la colilla sea no peligrosa simplifica su gestión: recogida regular, contenedores adecuados y documento de identificación en cada retirada, sin las cargas del régimen peligroso. Sigue siendo, eso sí, un residuo que hay que gestionar de forma trazada, no un simple desecho de limpieza.