Gestionar los residuos de una empresa no es solo tirarlos: es separarlos por flujo, almacenarlos, trazarlos y entregarlos a un gestor autorizado, conforme a la Ley 7/2022. Bien hecho, es un elemento verificable en cualquier auditoría ambiental.
Separar en origen
Todo empieza con la recogida selectiva: separar cada residuo por flujo en el momento en que se genera, en lugar de mezclarlo y separarlo después. Cada flujo se identifica con su código LER, que determina cómo se gestiona. Las colillas son uno de esos flujos, con frecuencia el más difuso y el que más se escapa a esta separación.
Almacenar correctamente
Los residuos se agrupan en el lugar donde se producen antes de su entrega, en condiciones y plazos adecuados. Para las colillas, eso significa contenedores seguros — ceniceros con tapa antifuego — que acumulan el residuo entre retiradas sin riesgo de incendio.
Trazar: la documentación
El productor del residuo es responsable hasta su tratamiento final, y debe documentarlo: archivo cronológico, documento de identificación en cada traslado y memoria anual según el caso, a través de la plataforma eSIR o la autonómica. Es lo que un auditor comprueba para asegurarse de que el residuo se ha gestionado bien.
Entregar a un gestor autorizado
Finalmente, el residuo se entrega a un gestor autorizado que lo valoriza o lo elimina. Para las colillas, Easy to Change opera con socios autorizados — clikeco para el transporte y MéGO! para el reciclaje de materia —, de modo que el flujo queda cerrado y trazado de principio a fin.
Las colillas, un flujo que suele quedar fuera
La mayoría de las empresas gestiona bien sus flujos principales, pero deja las colillas fuera del sistema: se barren, se tiran, no se trazan. Integrarlas — separación, contenedores, retirada con documento de identificación— convierte un residuo difuso en un flujo controlado, con un dato verificable para el reporting CSRD, EcoVadis o ISO 14001.