Para no quedarse en buenas intenciones, una política de RSC se ordena en torno a tres pilares: el ambiental, el social y el de gobernanza. Es la misma tríada que estructura el reporting ESG (o ASG, en español) y los estándares europeos ESRS.
Pilar ambiental
Cubre el impacto de la empresa sobre el entorno: emisiones, energía, agua, biodiversidad y, de forma transversal, la gestión de residuos y la economía circular. Es el pilar donde se sitúan las acciones más visibles y medibles — reducir un residuo, reciclar un flujo, proteger el agua. La gestión de las colillas encaja de lleno aquí.
Pilar social
Reúne todo lo relativo a las personas: condiciones de trabajo, salud y seguridad, igualdad, formación y relación con la comunidad y la cadena de valor. Una zona de fumadores bien pensada, por ejemplo, tiene también una dimensión social — bienestar y orden en el espacio de trabajo.
Pilar de gobernanza
Abarca cómo se dirige y controla la empresa: ética, transparencia, lucha contra la corrupción, y la fiabilidad de la información que publica. Es el pilar que da credibilidad a los otros dos, porque garantiza que los datos ambientales y sociales son veraces y auditables.
La doble materialidad
Los estándares ESRS de la CSRD introducen un principio clave: la doble materialidad. La empresa debe analizar dos dimensiones — cómo su actividad afecta al entorno y a las personas (materialidad de impacto), y cómo los asuntos ESG afectan a su propio rendimiento (materialidad financiera). Es lo que convierte los tres pilares en un marco de análisis riguroso, no solo en categorías.
De los pilares a la acción
Los pilares ordenan, pero no bastan: hay que traducirlos en un plan de acción con medidas e indicadores. Las acciones concretas, como la recogida trazada de colillas, son las que dan cuerpo a cada pilar — sobre todo al ambiental, con un dato medible para el reporting.